El ‘topo’ en la Casa Blanca que tiene en vilo al presidente Trump

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Hace un par de semanas, cuando el abogado personal de Donald Trump Michael Cohen se declaró culpable de ocho ofensas federales y lo implicó en uno de sus crímenes, analistas coincidieron en describir el momento como el peor de toda su presidencia.

Y tenían razón. Ese mismo día, su exjefe de campaña fue hallado culpable de múltiples delitos, y muchos vieron en esa combinación un tremendo golpe, casi mortal, contra el ya emproblemado mandatario.

Nadie imaginó, sin embargo, la hecatombe que lo esperaba a la vuelta de la esquina. El martes, ‘The Washington Post’ y CNN publicaron demoledores extractos del nuevo libro de Bob Woodward, el célebre periodista estadounidense cuyos reportajes en los 70 terminaron exponiendo la trama de Watergate y la posterior dimisión del expresidente Richard Nixon.

En el libro titulado ‘Miedo: Trump en la Casa Blanca’, el reportero publica testimonios de decenas de funcionarios y exfuncionarios de Trump que lo describen en los peores términos: “idiota”, “pendejo”, con una mente de “un niño de seis años”, por citar algunos de los adjetivos. Más grave aún, el autor pinta el perfil de un presidente que carece, según sus funcionarios, de las condiciones para ser el líder de la nación más poderosa del mundo.

Un día después, cuando el país estaba aún escandalizado por las revelaciones de Woodward, ‘The New York Times’ publicó una columna de opinión anónima escrita por un “alto funcionario de la administración” en la que este revela que en el interior del gobierno existe una “resistencia secreta”, cuya misión es proteger al país de las acciones de un presidente al que consideran “amoral” e incompetente.

La decisión del ‘Times’ de publicar una columna con autor anónimo no solo fue inusual, sino que generó controversia entre los medios de comunicación.

‘The Washington Post’, por ejemplo, aclaró que su política era no darle espacio a un artículo de autor desconocido. El ‘Times’ insistió en que fue una decisión muy meditada, que no fue la ideal –pues preferían revelar el nombre del autor–, y lo hicieron por considerarla del interés de la opinión pública.

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Así, la columna cayó como una bomba nuclear: no solo porque confirma en cierta medida todo lo dicho por el reportero, sino por la idea temeraria de que existe una conspiración activa dentro de la Casa Blanca contra un presidente en ejercicio.

Algo sin precedentes en la historia reciente del país, y cuyo único paralelo quizás sean los meses finales de Nixon, cuando funcionarios de su gabinete lo abandonaron para colaborar con la justicia. Tanto, que en muchos sectores ya se comenzó a catalogar al autor anónimo como el ‘garganta profunda’ de la administración Trump, en alusión a la fuente secreta que le contó a Woodward y su colega Carl Bernstein que la administración Nixon estaba espiando a los demócratas.

Creemos –continúa el autor– que nuestro primer deber es con el país, y el presidente continúa actuando de una manera que es nociva para la salud de la nación

“El dilema –uno que Trump no comprende del todo– es que muchos de sus propios altos funcionarios están trabajando de manera diligente desde adentro para boicotear su agenda y sus peores inclinaciones. Lo sé porque yo soy uno de ellos”, dice el autor desconocido en su columna. Resalta, de paso, que el grupo no está conformado por gente de izquierda, sino por republicanos con valores conservadores que han entendido que a Trump hay que neutralizarlo para evitarle un descalabro al país.

“Creemos –continúa el autor– que nuestro primer deber es con el país, y el presidente continúa actuando de una manera que es nociva para la salud de la nación. Por eso hemos prometido hacer lo que podamos para preservar nuestras instituciones democráticas mientras contenemos los impulsos mal dirigidos de Trump hasta que abandone la Casa Blanca”.

El autor, incluso, dice que entre ellos se habló de invocar la enmienda número 25 de la Constitución que ofrece un vehículo para remover a un presidente en ejercicio si ocho de sus secretarios y el vicepresidente están de acuerdo. Algo que optaron por no hacer pues crearía una crisis constitucional sin precedentes.

Se trata de palabras mayores. La simple mención de ese procedimiento implicaría que al menos algunos de los secretarios o exsecretarios (ministros) de Trump lo han considerado.

Las reacciones al editorial fueron diversas y muy emotivas. El presidente, por supuesto, lo catalogó como una traición y le exigió a ‘The New York Times’ que, de existir esta persona, debían “entregarlo” a las autoridades. Algo que de entrada vaticina una nueva disputa entre los defensores de la libertad de prensa y un presidente que considera a los medios que reportan en su contra “enemigos del Estado”.

Diversas fuentes confirman que dentro de la Casa Blanca se ha desatado toda una cacería de brujas para dar con los responsables. El senador Rand Paul sugirió, por ejemplo, someter a los altos funcionarios a un detector de mentiras.

El ala más radical de los simpatizantes de Trump sostiene que esto confirma que existe un “estado oscuro” que desde el comienzo ha intentado sabotear el mandato del republicano. Otros en el segmento más moderado de los republicanos, como el senador Bob Corker, creen que la columna confirma lo que ya sabían: que Trump es un mal presidente y que por eso es necesario rodearlo de buenos funcionarios que puedan preservar el orden. 

En las toldas demócratas algunos recibieron el editorial con alivio, pues –como dijo el mismo autor anónimo– en la administración sí hay “adultos” defendiendo principios básicos como la democracia. Pero otros lo criticaron, advirtiendo que si Trump es un incompetente peligroso como él y Woodward dicen, debería poner la cara y denunciarlo sin tapujos.

En cualquier caso, ambas noticias hicieron explosión en el peor de los momentos. Las últimas encuestas, de ‘The Washington Post’ y ABC, indican que su popularidad ha caído al 36 por ciento. Y eso era antes de que explotaran las bombas de Woodward y el ‘Times’. El libro, de hecho, solo sale al mercado este martes, y se anticipa que tendrá nuevas revelaciones embarazosas sobre el presidente. Un contexto terrible para un partido como el republicano que en noviembre va a las urnas para definir el control del Congreso y un tercio de las gobernaciones en el país.

Si bien poco parece hacer mella en la opinión de los ‘trumpistas’ purasangre, sí es evidente el deterioro de su popularidad entre independientes y republicanos moderados.

Y si los demócratas logran recuperar el Legislativo o una de las dos Cámaras, el país podría entrar en una nueva fase de confrontación de impredecibles consecuencias en la que ya se vislumbra hasta un posible juicio de destitución contra el presidente. Una posibilidad, dicen algunos, cuyo origen podría rastrearse, precisamente, hasta esta semana que concluye.