Esta ciudad del sur de la Florida ha decidido apostar por fertilizantes y herbicidas ecológicos

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El verano pasado, cuando al sur de la Florida llegó la temporada que la convierte en un paraíso para cultivar todo lo verde, la ciudad de South Miami cambió silenciosamente al panorama orgánico.

No es el cambio más drástico que ha realizado el pequeño suburbio de jardines bien cuidados y calles frondosas en su búsqueda por convertirse en la ciudad más verde del planeta. El año pasado, la ciudad se convirtió en la primera del estado en requerir paneles solares en las casas nuevas y desde hace mucho tiempo prohibió las fumigaciones para los mosquitos del pantano. Pero de acuerdo con su alcalde, el cambio fue, con creces, el más simple y uno que podría ser imitado fácilmente por gobiernos y residentes de todo el estado.

“Los herbicidas son una especie de peligro no reconocido”, dijo el alcalde Phil Stoddard. “Me horroricé de que usaran cosas a las que no quisiera que mi hijo esté expuesto”.

Como un granero de invierno del país, con una temporada de cultivo que dura todo el año, la Florida se encuentra entre los mayores consumidores de fertilizantes y herbicidas en la nación, según el Instituto de Alimentos y Ciencias Agrícolas de la Universidad de Florida. Durante el invierno, el fertilizante mantiene el césped exuberante. En verano, los herbicidas entran en acción para combatir la estampida de malezas. Pero también se han convertido en una manzana de la discordia. El nitrógeno en los fertilizantes puede provocar la proliferación de algas tóxicas, mientras que el fósforo puede causar estragos en las marismas de los Everglades y bahías que prosperan con muy bajas cantidades de nutrientes. Y numerosos estudios han culpado a los herbicidas químicos porque hacen daño a las personas y a la vida silvestre.